Decenas de personas reclaman el reconocimiento de los derechos de los animales

València Animal Save organizó el pasado jueves una acción por el Día Internacional de los Derechos Animales

El día 10 de diciembre es señalado en el movimiento animalista por ser el Día Internacional de los Derechos Animales.  Fecha con la que se quiere reivindicar que a todas las especies animales, por sus capacidades de sentir y ser conscientes, les corresponden una serie de derechos: a la vida, a la libertad, a la seguridad y al reconocimiento jurídico.

Estos derechos, inherentes a los animales por su capacidad de sintiencia, se incumplen sistemáticamente.
Alrededor de 140.000 perros y gatos son abandonados cada año en España. En 2019, más de 800.000 animales se destinaron a la experimentación. Solo en la Comunidad Valenciana, alrededor de 700 toros son víctimas en las plazas. Casi medio millón de animales mueren en nuestros montes a manos de los cazadores, y más de 90 millones de animales son sacrificados cada año en los mataderos valencianos.

Diversos medios se hicieron eco de esta acción: La Vanguardia “Los animales ganan espacios (y derechos) en València”, elDiario.es “Decenas de personas reclaman el reconocimiento de derechos de los animales «por su capacidad de sentir y ser conscientes», entre otros.
La concienciación social respecto a los animales está progresando, pero hemos de continuar trabajando para poner fin al sufrimiento que padecen la mayoría de animales.

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«Decidí tomar acción y unirme a VAS. A veces los miedos e inseguridades nos impiden tomar acción, pero todas empezamos en algún momento. Busca un grupo de gente que te acompañe y te ayude a aprender. Solo juntas podemos hacer un mundo un poco menos horrible para los animales no humanos» (Sara, voluntaria de València Animal Save).

València, 2020. Acción por el día internacional de los derechos de los animales.

Los animales en el arte

A lo largo de la historia del arte, los animales han ocupado un papel muy importante y recurrente, siendo una fuente de inspiración para la mayoría de los autores más destacados.

Su importancia y protagonismo empieza a darse desde las primeras representaciones del arte rupestre y del arte mobiliar paleolítico; pasando por Egipto, donde los animales eran parte esencial de la iconografía de deidades, también de representaciones clave como la escritura jeroglífica, posteriormente en el arte minoico y micénico, en los que uno de los principales motivos era el animalístico, o en regiones históricas como Persia y Mesopotamia, donde la utilización de animales se encontraba en decoraciones y gran cantidad de esculturas. 

Actualmente, los animales y su representación nos rodean de manera constante. Son los protagonistas de animaciones y películas, inspiraciones para pinturas y personajes, y tienen gran presencia en el mundo del arte. A su vez, los animales también son ilustrados para dar visibilidad a la explotación y maltrato al que son sometidos. Artistas nacionales como Roger Olmos, Carlos Corredera o Paco Catalán son algunos de los autores que utilizan su talento para concienciar, mostrando mediante sus obras el sufrimiento animal. Sin embargo, existen también autores que contribuyen al lado opuesto.

Dentro del mundo del arte, por ejemplo, se han utilizado animales vivos con el fin de convertirlos en “obras de arte vivientes”, entendiendo su uso como innovación artística. Estos autodenominados “artistas” (y en ocasiones aclamados por la crítica) han creado escenificaciones, instalaciones, e incluso esculturas, mediante el sufrimiento y la tortura hacia todo tipo de animales. Exponemos a continuación algunos ejemplos:

Jannis Kounellis, Sín título, doce caballos vivos. Vista de instalación en Galleria L’attico, Roma, 1969.

Jannis Kounellis colocó doce caballos en una galería como una aplicación del concepto Ready-made de Marcel Duchamp (elección de objetos cotidianos, aplicando posteriormente cambios sobre ellos, y finalmente siendo presentados como obras de arte). Los caballos vivos son tratados como elementos dentro del cuadro, formando parte del propio lienzo.

El uso de animales vivos en sus obras le llevó grandes problemas, como la sonada intervención del Museo Reina Sofía en una de sus obras que incluía un guacamayo el cual fue retirado del montaje por sufrir estrés. El autor acusó al Museo de censura y de hipocresía. Lo cierto es que incluso la Guardia Civil llegó a presentarse en el Museo tras recibir varias denuncias por parte de visitantes sobre el estado de salud del animal.

Un perro enfermo, callejero, 2007.

Otro ejemplo polémico fue de la mano de Guillermo Vargas “Habacuc”, quien capturó un perro callejero, al que llamó Natividad, y lo ató en su instalación durante unas horas. La pieza, llamada Un perro enfermo, callejero, consistía en mostrar un perro dañado y sin hogar, sin alimento ni cuidados veterinarios, muriendo a la vista de todos los asistentes, así como lo haría fuera de la instalación.

Durante esos días varios visitantes intentaron exponer su desacuerdo con la obra, pero nadie actuó por la vida de Natividad.

El autor dejó por escrito el objetivo doble de la escenificación. Por un lado, “la utilización de medios de comunicación masiva: prensa escrita, internet, medios de información televisivo, radio, etc.”. Y por otro lado, resaltar “la hipocresía de la gente”, quienes mostraban indignación ante un perro en esa situación, pero no cuando estos casos sucedían en la calle. Sin embargo, sigue siendo evidente la incoherencia puesto que el mismo artista estaba participando de ese sufrimiento.
Se desconoce el paradero del animal, o si acabó muriendo o siguió con vida.

Este cerdito fue al mercado, este cerdito se quedó en casa, 1996.
Dios sabe por qué, 2005.

Otro de estos casos es el del autor Damien Hirst, quien creó una serie de obras con el uso de formol. Hizo uso de este conservante para tejidos de animales muertos, los cuales manipuló y expuso en sus obras. Su objetivo, exponía el autor, era “cuestionar nuestra relación con la muerte, creando un zoológico de animales muertos”.

Incluso aceptando que el planteamiento artístico de obras como las mencionadas fuera interesante, ya que sin duda crearon atención mediática y pública, desde un punto de vista reflexivo las preguntas que hemos de hacer son: ¿por qué se usaron estos individuos? ¿Cuál es la consideración moral hacia ellos? ¿Cómo se intenta justificar tales usos o maltratos?

Si bien es cierto que a lo largo de la historia se han empleado restos humanos de manera decorativa o artística en multitud de lugares (desde el simple uso de huesos hasta la actual plastinación), difícilmente tendría buena acogida en la sociedad esta serie de obras si estuvieran hechas con cadáveres humanos. La empatía hacia nuestros semejantes nos lo impediría, nos haría ver lo violento, cruel e irrespetuoso de ello. Empatía que es difícil de encontrar cuando se trata de animales no humanos, como es el caso.

En cada uno de estos ejemplos observamos cómo alguien, en nombre de sus ideas y buscando el impacto mediático o la fama, utiliza otros seres vivos o sus cuerpos muertos como si de un objeto se tratase. En ocasiones negándoles cualquier cuidado y con el claro objetivo de que el animal sufra durante la exposición, como en el caso del perro Natividad. Para estos autores y la gente que consume sus trabajos más reprochables, los animales no son seres merecedores de derechos, sino simples objetos. El especismo se muestra pues en esta cosificación de los animales, vistos como simple mercancía o herramientas.

Extraemos un hecho común en estas representaciones: el visible arraigo histórico de un sistema discriminatorio especista, el cual ha condicionado y condiciona a las sociedades humanas a perpetuar la violencia hacia otras especies. Los animales no humanos siguen siendo utilizados en multitud de ámbitos de la vida cotidiana y más artistas en la actualidad los utilizan persiguiendo un ideal artístico.

Sin embargo, y como conclusión, estamos convencidas de que un mundo con más empatía es posible. La reacción generalizada de horror e indignación ante obras como las expuestas muestra que somos capaces de reconocerles como seres sintientes. Podemos y debemos actuar en consecuencia, no permanecer impasibles, e invitar a nuestro alrededor a hacerlo también.

Pacto de Teguise y Maltrato Animal

Timple era un perro callejero, conocido y querido en el vecindario, que el pasado 18 de julio murió asfixiado cuando dos personascon idéntico ánimo de atentar contra la integridad física de un perro callejero y siendo conscientes del elevado riesgo que con su conducta creaban para la vida del animal lo amarraron de las extremidades delanteras y traseras, le pusieron una brida en el hocico y le cerraron toda la boca con cinta aislante”. La pena por tales hechos ha sido de 4 meses de prisión (suspendida) y 16 meses de inhabilitación para la tenencia de animales.

Tales hechos causaron gran consternación en la Villa de Teguise y provocaron movilizaciones en diversas ciudades, sobre todo pertenecientes a las Islas Canarias (Teguise, Las Palmas, Santa Cruz de Tenerife). A ellas les acompañó una video-manifestación promovida por la Fundación Franz Weber, en coordinación con diversas entidades protectoras de animales del Estado, que lograron concentrar a más de 120.000 personas según la organización. Al final de las mismas se leyó el llamado “Pacto de Teguise”. Este texto, según las mismas promotoras se trata de un pacto social redactado y firmado para prevenir y penalizar el maltrato animal en España”. No es el primer caso que levanta la indignación popular en los últimos años (podemos recordar el de Sota en Barcelona) pero su importancia reside en la iniciativa expuesta.

¿Qué propone concretamente el Pacto de Teguise? Son diversos los puntos que presenta. Es de destacar que reivindica la condición de los animales como seres sintientes y aboga por la educación como herramienta de cambio. Pero también propone, como es de esperar, modificaciones legislativas. De entre ellas queremos destacar el punto 1.1  “Reformar el Código Penal, para el endurecimiento de las penas en casos de especial crueldad”.

La pregunta es: ¿por qué lo propone? Pues básicamente con motivo de que las penas de hasta 2 años de prisión pueden suspenderse en su ejecución, es decir, vulgarmente, no cumplirse en sentido estricto. Vamos pues a explicar qué consecuencias tiene ello.

¿Qué es el delito de maltrato animal? Antes hay que saber qué constituye delito de maltrato animal. Pues bien, se considera que un ataque a un animal es delito cuando se le causen “lesiones que menoscaben gravemente su salud”. Entre ellas podemos encontrar: “laceración alrededor del cuello que precisó de la correspondiente asistencia veterinaria para su curación” (SAP LE 1466/2019), “corte limpio de unos 4 cm en la zona dorsal del cráneo con una profundidad aproximada de 0, 5 cm, inflamación ocular y facial, y heridas de menor gravedad en extremidades y cuerpo” (SAP CO 1387/2019) o «herida incisa en zona intercostal izquierda que requirió para su curación puntos de sutura y tratamiento con antibióticos y antiinflamatorios durante 10 días” por ataque al animal con un objeto punzante (SAP B 9110/2019). La pérdida o inutilidad de un órgano principal aumenta la pena y la comisión por omisión, es decir, abandonar al animal hasta el estado de desnutrición también es considerado delito (SAP Madrid nº 824/2015). 

¿Cómo valora la sociedad actual el delito en comparación con otros? Lo cierto es que las penas ya aumentaron en la propia reforma de 2015, concretamente en los casos de muerte (antes no diferenciados) y con agravantes por determinadas circunstancias.  De forma que todas estas conductas pueden tener una pena de entre tres meses y un año de prisión; siendo que para los casos en que se cause la muerte se aumenta la misma a un rango entre los 6 meses y el año y medio; todo ello sin perjuicio de otras penas como la inhabilitación para la tenencia de animales o para el oficio o comercio que tenga que ver con los animales. 

Pues bien, ¿qué delitos tienen penas similares? El impago de la pensión de alimentos a los hijos (art. 227 del Código Penal), el acoso sexual (art. 184), tienen penas algo menores. También penas mínimas similares tienen el delito de alcoholemia (art. 379) o algunas de las formas de quebrantamiento de condena (Art. 468). Especial comparativa merecen las lesiones a humanos; que en función de la gravedad de la misma, en su tipo básico (que necesite tratamiento médico o quirúrgico, puntos de sutura por ejemplo) y sin agravantes (como uso de armas peligrosas) pueden ser castigadas con multa (dinero) o prisión de 3 meses a 3 años. Hagan sus valoraciones. Es por el alcance de esas penas que la prisión puede suspenderse. 

Pero, ¿por qué se hace? ¿Se suspende sin más? La Sentencia del Tribunal Constitucional 222/2007 de 8 de octubre reconoce que “la suspensión constituye una de las medidas que tienden a hacer efectivo el principio de reeducación y reinserción social contenido en el art. 25.2 CE”. En ese sentido, el artículo 80 del Código Penal prevé que “los jueces o tribunales, mediante resolución motivada, podrán dejar en suspenso la ejecución de las penas privativas de libertad no superiores a dos años, cuando sea razonable esperar que la ejecución de la pena no sea necesaria para evitar la comisión futura por el penado de nuevos delitos”. Inciso: las penas de prohibición de tenencia de animales y de inhabilitación mencionadas no pueden suspenderse; solo la prisión. Es decir, los jueces pueden suspender o pueden no suspender;  aunque la tónica es suspender si no hay argumentos para no hacerlo. 

¿Se suspende y ya? Pues bien, además de tener que pagar la responsabilidad civil (y no ser reincidente) el juez o tribunal podrá condicionar la suspensión al cumplimiento de las siguientes prohibiciones y deberes cuando ello resulte necesario para evitar el peligro de comisión de nuevos delitos (art. 83.1): 6.ª Participar en programas formativos, laborales, culturales, de educación vial, sexual, de defensa del medio ambiente, de protección de los animales, de igualdad de trato y no discriminación, y otros similares. Es decir, vemos una vez más que la finalidad que se busca es reinsertar al penado para evitar que vuelva a cometer el delito. En caso de quebrantamiento, entraría a cumplir la pena suspendida más la correspondiente al delito cometido. 

Cabe por último matizar, sin querer profundizar mucho, la idea de que una vez suspendida la pena, tras dos años, el penado puede volver a maltratar animales “sin consecuencia alguna”. Como hemos visto, uno de los requisitos para la suspensión (genérica) es no ser reincidente, con el inciso de que no se computan los antecedentes cancelados (o cancelables). ¿Y cuánto duran? Pues por la pena (3 meses a 1 año y seis meses de prisión), que es una pena menos grave, los antecedentes podrían cancelarse a los dos o tres años (ver artículo 136 del Código Penal) después de haber “extinguido la responsabilidad penal”. Lo que en casos de suspensión de la pena se empieza a computar desde el “día siguiente a aquel en que hubiere quedado cumplida la pena”. Es decir, dos años desde los 4 a 12 meses, o tres años desde los 13 meses a un año y seis meses que se le había condenado. Tras ese tiempo, desde que se le suspende la condena, es cierto que no se podrían computar los antecedentes a efectos de agravante o de eliminar la posibilidad de suspensión. Pero en nuestra opinión nada impide que ello se valore a la hora de ponderar las circunstancias que justifican o desaconsejan la suspensión.

Concluyendo, me gustaría presentar, con todo lo expuesto, una serie de preguntas para la reflexión. A sabiendas de que ello puede acarrear enfrentarse a un juicio, con el malestar y la ansiedad que genera, y una posible pena; ¿puede compensarle a alguien maltratar a un animal aunque aquella se suspenda con condiciones? ¿Preferimos castigar o evitar futuros delitos? ¿Confiamos o no en que con la suspensión y los cursos el penado no reincidirá? ¿Confiamos, por contra, que no lo hará si cumple efectivamente la pena?

Como verán, el Pacto de Teguise nos ha servido para abrir el debate y explorar uno de los temas que pone sobre la mesa: las penas en los casos de maltrato animal. Timple ahora tiene un mural en su honor; pero el mayor legado que podemos dejarle a él, y a muchos otros que han sufrido hechos similares o peores, es dar pasos seguros, estudiados, discutidos y consensuados para que estos sean prolongados, estables y sobre todo efectivos; no estrictamente en el castigo de quienes les dañan, sino sobre todo en evitar que esto ocurra.


Juan Antonio Oliver,
graduado en derecho y criminología,
activista por los derechos animales.


¿Nueva Regulación para los Santuarios de Animales?

Editorial

València Animal Save presenta comentarios al borrador de proyecto de Real Decreto por el que se establecen normas básicas de ordenación de Núcleos Zoológicos

El pasado 4 de septiembre finalizó el plazo de información pública para presentar comentarios al borrador de proyecto de Real Decreto por el que se establecen normas básicas de ordenación de Núcleos Zoológicos. Este Real Decreto hay que entenderlo dentro de una regulación más amplia de los asuntos que conciernen a los animales no humanos y sus derechos; como lo es la, en proceso, nueva Ley Marco de Protección Animal, más amplia en las materias que abarca.

Este proyecto en concreto busca cubrir el vacío normativo en el que se encuentran los animales que no son salvajes y tampoco se emplean para producción ganadera; ya que carecen de un repertorio normativo detallado y específico. Por lo tanto, esta ley tiene como objeto aquellas instalaciones para animales abandonados, tiendas de animales, zoos o granjas escuelas; entre otros. Para las cuales busca “establecer las normas básicas de ordenación (…) en materia de infraestructura, manejo, condiciones higiénico-sanitarias, de seguridad, requisitos medioambientales y de bienestar animal”.

Desde València Animal Save valoramos positivamente la creación de este Real Decreto. Una regulación de mínimos y unificada parecía más que necesaria para la mejora de la protección y bienestar de los animales en ámbitos ajenos a la producción para consumo. Consideramos que el mayor avance que presenta es el reconocimiento de los refugios de animales o “santuarios”, como espacios que pueden albergar animales de especies tradicionalmente suministradoras de productos de origen animal (que) se mantengan sin fin productivo alguno. Dicha mención es relevante, tanto a nivel normativo como simbólico, puesto que contribuye a la normalización social de que los animales considerados de granja pueden vivir y desarrollar su vida fuera de las industrias de explotación animal. Sin embargo, existen otras cuestiones relativas al Real Decreto que, a nuestro parecer, podrían matizarse para favorecer el avance en los derechos animales. Por esta razón, presentamos alegaciones a dicho borrador.

A este respecto, decenas de asociaciones, organizaciones y federaciones de todo el Estado han tomado parte en este proceso de participación pública; pero no todas estas entidades se dedican a la protección animal. Uno de los colectivos que más ruido ha hecho contra este borrador ha sido el cinegético. Las restricciones en el número de animales, junto al mayor control sanitario y formativo son algunas de las cuestiones que perturbarían la actividad normal de los cazadores, acostumbrados a una actitud más laxa por parte del Estado frente a su sector. Así pues, la persistencia y eficacia del sector cinegético en la protección de sus intereses como colectivo, nos recuerda que el animalismo ha continuar defendiendo sus posiciones en todos los frentes, también en el legislativo.

¿QUÉ HA ALEGADO VALÈNCIA ANIMAL SAVE?

Nuestra asociación ha enfocado sus comentarios en el Real Decreto hacia aquellas cuestiones relativas a los animales considerados de granja y los refugios de estos animales, apoyándonos en las alegaciones que ha realizado la Federación Española de Santuarios (FESA). Las más relevantes son las que siguen.

Lo primero en ese sentido que hemos querido proponer es la inclusión en la introducción al Real Decreto de un recordatorio sobre la existencia de normativa (art. 17 de la Ley 32/2007) que preveía el decomiso de animales maltratados en la industria y su destino sujeto a los principios de bienestar y protección animal. Para de ese modo destacar que parecía ya una exigencia de la misma el reconocimiento de los santuarios de animales. Aunque no sería un artículo sustantivo; entendemos que a efectos interpretativos tanto de esta normativa como de las que se desarrollen apoyaría la tesis de que en el caso de decomiso de animales por infracciones de la normativa de ganadería, fueran los ahora “refugios de animales” el destino prioritario y no otra explotación o el matadero, como venía, desgraciadamente, ocurriendo.

En relación también a los Santuarios de Animales, nuestra experiencia nos indica que algunos, aunque con finalidad principal albergan a los animales hasta su muerte; ocurre también que según la especie, pueden, eventualmente ceder a algunos en acogida a particulares en sus domicilios, ayudando a normalizar la convivencia humano-animal con otras especies (gallos, gallinas, etc). Así, aunque la definición del proyecto advierte que “por razones de bienestar animal se transfieran a otro establecimiento con la misma clasificación”, hemos querido incluir, para no crear una tercera figura, que también puedan transferirse a particulares “nuevos dueños”.

Respecto de las colecciones zoológicas, que vendrían a ser “instalación(es) que alberga(n) animales en un número supera fijado en el anexo II y que los mantiene sin fin comercial ni lucrativo alguno” hemos instado a que se especifique “ni reproductivo para evitar posibles fraudes en la figura o un aumento sobrevenido de animales que acabara siendo problemático para las mismas.

En cuanto al régimen sancionador, pensamos que una remisión genérica en materia sancionadora a otras normativas puede generar problemas de tipicidad con la consecuente inaplicación. Se propone revisar qué conductas deberían ser sancionadas y preverlas específicamente como infracciones.

Asimismo, como hemos anticipado, nos hemos adherido a algunas de las muy bien fundadas observaciones de FESA; entre ellas cabe destacar:

  • Autorización y registro: opinamos que debe existir un modo de notificar a posteriori la llegada de un animal a entidades de protección animal, puesto que en muchas ocasiones no se da la circunstancia del previo aviso, y según el borrador esto podría incurrir en una falta de autorización. 
  • Controles sobre el terreno: es necesario que exista proporcionalidad y equidad en los controles que reciben los núcleos zoológicos según su tipología. 
  • Mesa de ordenación: reivindicamos la presencia del Director General de Derechos Animales en la mesa de ordenación, como vicepresidente de la misma. Observamos que la mayoría de la mesa está formada por cargos relacionados con la industria ganadera, disponiendo los núcleos zoológicos de fines distintos a los agrarios; y relacionados estrechamente con las competencias de protección y bienestar animal. 
  • Formación del personal: proponemos adelantar su obligatoriedad a enero de 2022 (aunque FESA la propone de inmediato).
  • Clasificación de los animales y número de ejemplares: sugerimos que se desgrane por especies, y que el límite de animales coincida con el de autoconsumo. No existe ninguna razón de peso para permitir que se tengan más aves de corral sin registro del Núcleo Zoológico en el caso de que se vayan a consumir que cuando no existe fin productivo.

CONCLUSIONES

El proyecto comentado a lo largo del texto parece reconocer realidades en la convivencia entre animales y humanos que antes no tenían amparo legal y establecer una serie de obligaciones de protección y bienestar animal comunes para todos aquellos establecimientos que tengan animales con fines diferentes al de producción agroganadera o de experimentación.

Por lo que concierne a los Santuarios de Animales, su reconocimiento legal, interpretado a la vista de la introducción al texto y del artículo 11.4 del mismo (prohíbe el movimiento de especies de interés ganadero de núcleos zoológicos a explotaciones o mataderos), esperamos que conlleve un reconocimiento legal de los mismos, no solo de forma simbólica, sino como instituciones de protección animal que fomentar. Lo anterior de forma tal que el Real Decreto sirva de amparo para una mejor coordinación autonómica en el decomiso y destino final de los considerados “animales de interés ganadero”. Aún así, entendemos que deberemos continuar trabajando a nivel autonómico para desarrollar protocolos de actuación y actualizar algunos aspectos de sus normativas para adaptarlos a estas nuevas previsiones.